
Sabemos de sobras que Zaragoza, esa ciudad en las puertas del desierto de Monegros, es una ciudad de sorpresas y sonrisas cómplices.
Es precisamente eso, una sonrisa cómplice, además de la evidente sorpresa lo que a uno le ocurre cuando observa el Mercado Central de Zaragoza, un edificio modernista, toda una sorpresa para una ciudad que no tiene precisamente mucho alma de modernista.
El edificio al que haremos referencia hoy, el Mercado Central, se levanta en el mismo lugar que ocupaba el mercado de la ciudad desde el siglo XIII. Como hemos dicho supone uno de los más bellos ejemplares de la arquitectura modernista en Zaragoza y, por qué no, de Aragón. Además, arquitectónicamente hablando, fue utilizada la técnica de armado metálico (como en la Torre Eiffel) para su construcción.
Este edificio modernista fue inaugurado en 1903 y de hecho no se concibió como una construcción aislada, sino que se pensó como parte de una actuación urbanística que tenía como objeto transformar el entorno de la Plaza Lanuza La remodelación fue obra del arquitecto municipal Ricardo Magdalena, remodelación que, como tendremos oportunidad de descubrir tan sólo se llegaría a realizar en parte.
Junto a materiales como el ladrillo y la piedra, para su creación se utilizarán otros tan innovadores como el hierro o el cristal, lo que dio resultado de un edificio donde se funden tradición y modernidad. La decoración se concentra en las portadas exteriores y con motivos alusivos a temas como la agricultura, la pesca o el comercio.
En 1986 se restaurará el edificio y se renovarán los puestos de venta. Gracias a ello el mercado sigue manteniendo la misma actividad para la que fue pensada desde principios del siglo XX y conserva la animación, el color y el bullicio que desde sus inicios la han caracterizado.
Así, en la primera planta encontraremos alojados 190 puestos comerciales mientras que en la segunda tienen su lugar la organización del propio mercado y los detallistas. Hoy día, la Asociación de Detallistas del Mercado Central está realizando una gran labor de revitalización de las actividades del mercado, para lo cual se ha habilitado para uso público parte de la zona que ocupan y donde se desarrollan exposiciones, conferencias, conciertos y más actividades culturales.