
Hoy os presentamos la localidad de Ateca, perteneciente a la Comarca de Calatayud y a apenas 100 kilómetros de Zaragoza. Aproximadamente posee unos 2 mil habitantes y su situación geográfica se centra en la ribera del río Jalón, justo en la desembocadura del Manubles y del Mesa-Piedra.
Y es que esta villa es de esos lugares que sorprenden. El recinto medieval de la villa, que estuvo amurallado en su momento, tiene aún un auténtico sabor musulmán. Se podía acceder al pueblo mediante cuatro puertas, de las cuales se conservan tres, a saber, la de las Fraguas, la del Arial o San Miguel y la de Ariza, la que desapareció era la de Almazán.
La tradición mudéjar es la clara protagonista de la villa, la antigua Teca de los árabes que siempre nos maravillará por sus torres mudéjares. La torre del Reloj es otro de los atractivos específicos del municipio, Torre del Reloj que se inclina y se levanta sobre un torreón de la antigua fortaleza del siglo XVI.
La torre de la Iglesia de Santa María también hay que verlo. De estilo mudéjar y del siglo XVI, fue edificada sobre la antigua mezquita árabe, en cuyo interior se guarda un bonito e importante retablo con las imágenes de la Virgen de hacia mitades del siglo XVII.
El castillo que se levanta en la parte más alta del casco urbano ha sido hace poco rehabilitado y hoy se usa como hospedería. Podremos, además, destacar el edificio de ese estilo tan poco común como el renacimiento aragonés, del siglo XVII y hoy Casa Consistorial. En la parte baja del pueblo, este monumento abre sus puertas a la gran explanada de la plaza de España con un edificio de tres cuerpos.
En la margen derecha del río Jalón podemos disfrutar del barrio de San Martín, claramente construido tras la reconquista. En este barrio podemos visitar la Iglesia de San Francisco, del siglo XVII. En los alrededores del núcleo urbano y en el mismo territorio del pueblo podremos ver las ermitas de San Blas y la Ascensión, además de varios peirones dedicados a la Virgen de la Peana, Vía Crucis, San Antonio y Santa Quitería.
Así pues, un bello pueblo, ejemplo tanto de la España árabe como de la España cristiana, que convive perfectamente entre estos dos tipos de arquitectura y forma espacial. Toda una experiencia para nuestra imaginación.