
Zaragoza ha tenido un crecimiento siempre proporcional a la importancia de su nombre. Así, poco a poco ha ido comiendo las zonas naturales del entorno y convirtiéndolas en barrios nuevos de la ciudad. No obstante hay lugares todavía, como el Soto de Cantalobos, uno de los escasos sotos o bosques de ribera, que se conservan a las orillas del Ebro con restos de la vegetación original del río en este tramo concreto de su curso.
El Soto de Cantalobos es uno de los espacios naturales con más importancia del cinturón verde de Zaragoza y, a su vez, una de las joyas naturales de la capital aragonesa. Es un verdadero pasillo verde, de gran interés ecológico que aproxima el río a la población y la ciudad y se convierte en un verdadero eco-museo para la ciudad.
El lugar contiene en total veinte hectáreas de superficie y tres kilómetros de largo. En cuanto a su carácter natural es refugio de pájaros, insectos y pequeños mamíferos que a lo largo de los siglos han conformado una rica biodiversidad hoy muy amenazada por el desarrollo de la ciudad.
Al Soto de Cantalobos se puede acercar por un camino que se toma justo debajo del puente de Giménez Abad, en el Tercer Cinturón. Nos encontraremos con una hilera de enormes plataneros, un conjunto declarado monumental que, no obstante, por culpa de las continuas obras, hoy día se encuentra en peligro por falta de agua.
La situación de los campos agrícolas ha sido muy importante en lo referente a la evolución del soto, ya que se beneficia de la escorrentía del agua de regadío de los campos. Gracias a dichas corrientes, los árboles han podido crecer hasta conseguir un tamaño monumental, imposible apenas cien metros más al sur, donde la vegetación cambia por completo a ser esteparia. Pero esto no es todo.
La verdadera visita al soto empieza cuando aumenta la vegetación. Los árboles suelen crecer a ambos lados del camino y el paseante se verá en mita de una selva que nos llevará más allá de Zaragoza. Los animales viven entre las plantas, las comadrejas, tejones, erizos e incluso zorros nos vigilarán sin ser vistos. Pero los verdaderos protagonistas serán las aves, pues mientras intentamos no perdernos en la selva oiremos sin parar un bonito concierto de ruiseñores, milanos negros, ánades, cucos y lechuzas. En verano el martinete, la cigüeña y el pájaro moscón se unirán a la fiesta.
Así pues, si nos sentimos cansados o agobiados de la ciudad, ¿qué mejor sitio que el Soto de Cantalobos para olvidarse de todo y vivir una experiencia totalmente nueva sin alejarse demasiado de la ciudad?