Desde hace ya unos meses se puede observar y cruzar el recuperado puente de Ariza sobre las aguas del río Jalón.
Y si no hay duda de la valía histórica de este monumento y tampoco cabe ninguna discusión cuando se trata de apreciar su curiosa belleza, si que se convierte en más problemático intentar datarlo y definir claramente en qué época se construyó esta obra a medio camino entre la arquitectura y la ingeniería.
Según donde nos informemos, algunos autores nos dirán que se trata de un puente de época romana, en cambio otros hablaran de una construcción medieval. En realidad, ese dilema se plantea muchas veces a la hora de intentar datar un puente, ya que las técnicas constructivas que establecieron los romanos siguieron aplicándose durante muchos siglos. Por ello, a veces es muy difícil determinar si nos encontramos ante una construcción romana o medieval.
No obstante, en el caso de Ariza este problema se acrecienta, ya que por aquí discurría la calzada romana que unía poblaciones tan alejadas como Emerita Augusta, la actual Mérida, y Caesaraugusta, la capital zaragozana.
De ahí, que se pueda decir que el puente de Ariza tuvo un origen romano, y que incluso la cimentación actual del propio puente puede que sea la original, sin embargo los arcos, los tajamares que se enfrentan a la corriente del Jalón, la calzada o tablero sobre el que se circula, son obra de muchas reformas posteriores realizadas a lo largo de su dilatada historia.
Entre esas reformas se cuenta la última llevada a cabo en el año 2009, cuando el puente fue objeto de una profunda restauración que le devolvió gran parte su belleza. Con su aspecto actual, es fácil imaginar como cruzó el puente uno de sus usuarios más insignes: Rodrigo Díaz de Vivar, cuyos pasos por la población de Ariza son descritos en el Cantar de O Mio Cid, cuya narración se ha convertido en una atractiva ruta senderista por varias comunidades autónomas españolas.
Foto: Vía Prames